Diario

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cada vez que dicen...

"Patria, pienso en el pueblo y me pongo a temblar."



Asi reza una canción de Carlos Cano.



Hace unos momentos oía el Último Vicio en RNE, Radio 3.



Yaví (desconozco como se escribe) un músico iraní hablaba de su tierra. Una flor con más espinas que flores decía él, en la actualidad.



Ha creado una música que titula " El eje del amor". Todos sabemos a que alude.



Y ahí quería llegar a pesar de las vueltas que le venía dando.



Soy apátrida. He encontrado más patrias. Todos los países que he visitado. No, no han sido muchos. Quizás cinco. También he visitado pueblos distintos en nuestra propia tierra. Nunca me he sentido extraña.



Sin embargo mi modo de ver y de pensar lo cambió Marruecos en una cortisima visita y que por cobardía no alargué. Si, si. Los miedos de los que siempre oí hablar se hicieron conmigo, me contagiaron con imágenes que no me dejaron pegar ojo. Cuando quise dar marcha atrás no me pareció cortés con las personas que me habían entregado las llaves de aquella casa en medio de la nada. Así que no regresé pese a desearlo. A la casa significo.



Menos mal que me consoló de mi desventura una hermana de Nadjet que sentía el mismo miedo que yo en aquél lugar.



Al grano, que me pierdo en divagaciones.



Lo que aprendí de Marruecos fue: lo poco que se necesita para sonreirle al destino que nos abraza.



Porque digan lo que digan quienes lo digan, todo, no lo manejamos a voluntad. Hay cosas que se nos escapan, situaciones inesperadas que nos sabemos manejar positivamente.



¿De donde procede el dolor?

¿Por qué sufrimos sin motivo aparente?



Allí en Marruecos comprendí que de lo que nos quejamos es de exceso. Nos hace desdichados el tener tantisimo donde elegir.



Me devolvió a la Granada de años atrás y con ella a una época donde el tener de todo y en demasía no estaba de moda.



Me dí cuenta de que incluso el paisaje era el apéndice que le faltaba a Granada y a toda la Bética.



Me dí cuenta que todos formabamos un todo inseparable.





y la mula en el trigo

He perdido un comentario y lo lamento. Porque de veras me importa ,y mucho vuestra opinión. Así que antes de continuar, una vez más gracias.

Lo hago públicamente y en la ventana en la que algún errático o buscador o seguidor y seguidoras que también las hay, me encuentra con más facilidad.

Hoy he recibido el primer mensaje navideño.

Supongo que muchos de nosotros no vivimos la navidad con el auténtico mensaje que implica, y que nos gustaría ser niños de nuevo para vivirla con la misma inocencia.

Nos entretenemos en ello quizás obviando que ni siquiera los niños-todos los niños-tienen ni tendrán jamás la oportunidad de tener unas fiestas felices.

Pero no. Hoy, no.

Hoy vuelvo a las navidades de mi infancia, y me gusta. Vaya si me gusta. Mi árbol ya cuelga en casa. Es posible que no venga a estar conmigo nadie, y sin embargo me gusta verlo. Me gusta imaginar y con ello me labro esa navidad perdida.

Muchas cosas se pierden en el trayecto que forma la vida y no por eso dejamos de tener nuestros momentos de alegría, de risas ya incluso de juegos. Más calmos, eso si. Pesan ya lo iteré mil veces, los años, los kilos, y eso a pesar del agua como quiera que se llame.( Risitas porfi)

Me gusta la navidad por lo que disfrutan los enanos. Porque la gente parece olvidarse un poco de la monotonía.

Y no me gusta por las comilonas ni por los regalos. Ni siquiera soy creyente. Pero insisto, me gusta por los recuerdos gratisimos.

Quién veía a mi padre el día a día no podía creer en la transformación en aquellos días de fiesta.

El trajín del nacimiento, los hermanos buscando musgo y piedras lavadas del río. (Soy la segunda de diez). Los cánticos en casa de los vecinos, de los primos, las visitas a otros belenes. En fin, fiesta sana y alegre.

Me gustaría que os apuntarais a cantarle al vecino, al amigo, ya al desconocido. O al menos desearle de corazón unas FELICES FIESTAS.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Mirando atras

Un siete de enero de milvecientos sesenta y nueve le dí el si quiero a Richard Wagner. (Siempre me gustó la música), je je je. Diez años después le dí el adiós. Ni la música domó la decisión.

Atrás quedó una parte importante de mi vida. Sin rencor y con una gran pena que se superó con el devenir de los años.

Volví a amar. Y también dije adiós.

Los adioses nos parecen dolorosos, y lo son. También pasan y se renace de las cenizas. Ya, ya ya.
El dichoso ave Fenix. Lo que no lo hace menos cierto que la vida se compone adioses y bienvenidas.

Todos pasamos por esos aros del destino, del azar, o de lo que sea.

Lloramos las despedidas y saludamos los nuevos encuentros con esperanza.

El ser humano tiene una enorme capacidad de dolor y de regeneración. Más de lo que pensamos.
Bastemos una mirada hacia el continente africano, hacia el continente asiático, hacia el continente latino-americano.

Hacia cualquier continente. Parece raro. Continentes enteros sufren algo más que separaciones. Sufren pérdidas irreparables como el la vida. De estas ni el ave Fenix es capaz de rescatarles.

Y los que se quedan siguen empero luchando por vivir.
No os amotinéis pues, que saldréis airosos del desencuentro e incluso de la absoluta pérdida de los seres queridos.

Cuatro fantasmitas tiene mi cama
cuatro fantasmitas que me la guardan
Chencho, Antonio, Mamá y Papá.

Y ahora otro adiós. Si es posible mañana volveré.

martes, 16 de diciembre de 2008

Se han encendido las luces del pueblo. Innecesariamente puesto que todavía la luz diurna es más que suficiente. Se ve magníficamente bien.

A qué juegan los que dicen de retrasar o adelantar la hora.

Prefiero callar porque sólo se me ocurren disparates y para disparatado ya anda el mundo una jartá.

Seguro que está en mi la tristeza hoy. Sin saber por que. No hay ni motivo ni razón para ello. Es simple y llanamente así.

Tristeza y alegría vienen y van , van y vienen caprichosamente. La alegría puede incluso que la invoquemos, la tristeza nunca. Pero ella es dueña y señora y se presenta por sus fueros. Hála, aquí estoy yo porque me da la gana.

Cualquiera le tose.

¡Ay, amigos, qué triste estoy!

No quiero estarlo, no se me apetece, no es razonable. ¡Ay qué triste estoy!

Mi tía Pepa era una mujer que al final de sus días se volvió beata. Pepita como le decían tenía amigos y amigas que la querían mucho, sin embargo no fue santo de mi devoción. Me resultaba cargante. Y su posterior ñoñez resultaba horrenda para mi modo de pensar amén de una hipocresía enorme. No obstante tengo que sonreír ante una confesión auténtica que hizo y a lo que el cura le respondió como ahora vereis.

Pues ella va a confesar y se acusa de gula. El cura le pregunta el porqué, a lo que ella responde que porque se había zampado dos platos de lentejas qué qué.
El hombre le dice, Pepita, hija, eso no es gula.
Pues qué sino es padre.
Hambre, hija, hambre.

No me lo invento. No se inventar cosas. Puedo transformarlas pero no inventar como decía el hijo de Thomas Mann. ¿O era el hermano? No no, era el hijo. Creo...

Empieza el crepúsculo. Rojo claro y amarillo. En el horizonte hileras de nubes. Las montañas de África se perfilan lenes, casi insinuantes. No como ayer espléndidas, definidas ,exigentes en su perfecta definición.

Una nube parece la cabeza de un ratón supersónico. Al segundo la cabeza del ratón se desprende y de una extraña cola que le seguía surge la cabeza de un dragón. Si seguimos mirando asoma un pavo sin patas y con su moco colgando. Detrás una serie de arabescos y tras ellos una hormiga gigantesca. Ahora un pelicano emprende el vuelo, de su pico gordo y robusto cuelga un gusano retorcido y tridimensional. El pelicano pierde el pico y so sustituye el enorme gusano.

Un colibrí se sube a una mujer destetada y culona. Como algunos tiburones llevan esos pecesillos adheridos. O son las ballenas.

No estoy para murgas. Se acabó el mirar para el cielo. No puedo describir lo que veo. La transformación se sucede con tal celeridad que no me da tiempo a nada. El cielo siempre me deja atónita.

Quién inventó la tristeza. Quién habló de tristeza. Merece unos buenos azotes.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Dicen que...

en Suecia, el país más socialmente avanzado de Europa, es donde más suicidios se cometen.
Me pregunto si el clima influye en esas muertes voluntarias. Lo cierto es que la alegría parece proceder del sol. Cuando este luce nuestro ánimo se transforma, nuestro cuerpo también.

Si es o no cierto lo desconozco, pero si pienso en los desfavorecidos me inclino por el calor, porque el frío en sus circunstancias los hace más frágiles si cabe.

No nos extrañamos de que los indigentes mueran de frío en las calles. Estamos acostumbrados a verlo en televisión.

Yo no se a vosotros, pero a mi me da la sensación de que no les importan a nadie. Ya, incluso hay gente capaz de divertirse asesinandolos. Para esos, no se si denominarlos seres humanos, no significan nada.

Precisamente, en este, especialmente frío invierno-si bien en el calendario aún es otoño-son los que más sufren el rigor de la temperatura. Justo en los días más festivos morirán abandonados a su suerte en cualquier calle de cualquier ciudad. Que cruel puede llegar a ser la vida. Entretanto otros dilapidan fortunas haciendo caso omiso del desamparo de esas personas que, quién sabe lo que los echó a esa vida.

Personalmente conocí a un señor con el que algunos se divertían tirándole restos de pizza donde más sucio estaba para que él los recogiese. Indagué en las cercanías y pude saber que aquel señor había sido un afamado cirujano.

Creo que da para pensar, ya sea por un momento para agradecer lo que tenemos.

Feliz día empero.

domingo, 14 de diciembre de 2008

pensando en maria

Qué lejos estoy del suelo donde he nacido....
Tú, amada lunatikk, elegiste un lejano país para aposentarte. Nada más ni nada menos que al otro lado del gran charco. Te fuiste a la pampa verdadera: a Argentina.

Es lo malo que tiene tener amigas y amigos jóvenes. Su búsqueda no tiene límites geográficos .Hoy están aquí y mañana no se sabe donde.
¡Ay! Mis queridos correcaminos.¡ Os echo de menos!

Hoy te envié un correo. ¿Cuando lo recibirás? ¿Cuando responderás? ¡Qué temblor mientras se te espera!

Tú en la Pampa, David en el océano entre ola y ola, de puerto en puerto. Y yo esperando vuestras noticias como una madre sin sueño, vigilante, espectante.

Deine Liebe ist Dein Schiff, Deine Frenden sind die Sterne...

Tu amor, David es tu barco y tus amigas las estrellas. Una vieja canción para un joven marinero.

Para ti María, un tango, un dulce tango con la carga de melancolía que los tangos arrastran consigo.

"Si supieras
que aún dentro de mi alma
conservo aquél cariño
que tuve para ti..."

Tus libros, los que dejaste aquí, los voy leyendo con fruición. Te revivo en ellos cuando están entre estas manos mías. No permiten el olvido y me alegro.

No importa lo lejos que estéis porque el amor de verdad no conoce las distancias.

Comed cuantas perdices podáis.

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