Diario

jueves, 9 de abril de 2009

El Rescoldo

Queriendo y sin querer más de uno dice yo. Ego. Ese ego es un detective impenitente, fiel, ¿ciego? Eso es harina de otro costal.

A lo que vamos. Esta noche creí entender que alguien quería hacer sentir su ego. Me equivoqué.

El sentir el ego no es igual en todo momento. Por lo que debe haber muchos egos. Si siempre son inaceptables es cuestión de explallarse por parte de unos y de oir por parte de otros. Tan necesario para sobrevivir en unas ocasiones y tan nefasto en otras.

Sería una historia muy larga y no deseo contarla. Entre otras porque juegan personas ajenas un papel que no quiero en modo alguno publicar sin su conocimiento.
A groso modo diré que entre los asistentes, había alguien que sufrió y sufre una enfermedad desconocida por la ciencia médica. La otra persona es la que vivió y vive todo el proceso a su lado.
Anoche, toda la atención de los asistentes iba dirigida a la que sufre la enfermedad y nos alegrábamos con ella de su "recuperación", de poder verla rediviva. Fue entonces cuando la persona que ha estado con la otra todo el tiempo - sufriendo, claro está, todo el proceso - cuando a mi erróneo entender, acaparó o pretendió acaparar la parte de atención que le correspondía. Mi comportamiento no fue el adecuado. Le hice daño con mi postura al querer mostrarle que su momento no había llegado pese a haber sufrido también. Le dije que lo había hecho voluntariamente y que si bien era digna de todo reconocimiento debía comprender que para los que volvíamos a ver a la enferma tras tanto tiempo volcáramos en ella toda la atención. Y creo que fue en eso en lo que me equivoqué. Porque esa persona también necesitaba de nuestra dedicación.

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