Diario

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¡ CARAY CON LOS IDIOMAS !

Mi amiga Anna mide 1,80 de estatura. Su origen danés le sirve de excusa cuando se equivoca.
Mi amiga Anna dice que lleva treinta años planchando, que ha planchado un millón de camisas y que nunca nadie le ha pagado por ello.


Mi amiga Anna, tiene razón porque ni su marido ni sus tres hijos la respetan en modoalguno. Lo dice ella misma.


Mi amiga Anna dice que su criada gana más que ella.


Cuando mi amiga Anna usa la palabra criada a mí se me sube la sangre a la cabeza.


Cuando era niña, en mi casa se les llamaba “la muchacha” “niñera” “costurera” pero sobre todo se llamaban por sus nombres: Pepa, Rosario, El Ama (como ama que era) Elvira, Ana, Sara, Julia Anita.


Pepa, que era nuestra costurera, solía venir de vez en vez a ayudar a repasar, nos contaba historias de la guerra, que si a uno le dieron el paseillo, que si al otro lo habían matao los de este u otro bando. En fin, nosotros como niños escuchábamos con los ojos muy abiertos y un extraño escozor en el corazón.


Julia era una mujer casi tan alta como mi amiga Anna y vestía siempre impecable. Peinaba con un moño de un pelo intensamente negro casi en la nuca. Pulcra como ella sola, lavaba y sobretodo planchaba que era un primor. Viuda tenía que ganarse como tantas otras la vida sirviendo. Una de sus piernas estaba muy gruesa, hoy sé que era una pierna enferma, cojeaba un poco, pero no le restaba su cojera aquella prestancia alguna. No era habladora, pero cariñosa con nosotros y siempre en su sitio como ella misma decía.


De Julia nunca supimos gran cosa, pero la recuerdo con gran afecto y admiración.


Elvia, fea y con los ojos siempre llorosos con extraño mentón –como si se hubiese quemado mientras reía- era alegre y decían que de la vida. Le conocí con el tiempo siete hijos de padres siete.


Elvira hija, le decía mi madre, puta, bien pero tonta también…Al crecer supe lo que era ser tonta, y puta. Entonces ni nos decían que significaba la palabra si la habíamos pescado por un casual.
Rosarillo fue la niñera de mis hermanos más pequeños, la que había sido la nuestra- de mi hermano mayor y mía- se llamaba Carmelilla. Guapa como ella sola y hermana de Elvira echaba un ojo pero con tanta gracia lo hacía que parecía que se le encendiera la mirada. Fue la gran tentación de mi tío Pepe, pero se casó pronto y dejó de servir.


Sara con sus dos hijos, dormía en el granero. Una habitaciones altas que en las casas de entonces servían entre otras cosas para guardar el grano, colgar jamones, guardar las granadas, los caquis, y los melones, las orzas de mánteca y un sinfín de servicios más que prestaban. Según la familia claro. Sara no tenía donde ir. Con un marido borrachin estaba la pobre tan desvalida, tan en los huesos.


Anita, era una mujerona joven y rubia del campo. Ella llegó cuando ya tenía yo al menos diez años. Ella y el novio, mejor dicho sus reflejos tras los cristales biselados del portal, se mostraban abrazados. Nos retiraban antes de que llegase el novio y si se adelantaba nos mandaban arriba, pero sí, alguna vez vimos que se abrazaban. Luego oí a mama decirle Anita, Anita y ella le respondía señora que me mete mano pero sin llegar a na. Hoy aún creo oír el extraño sonido de aquellos besos.


La última que yo recuerdo se llamaba Ana y le decíamos la loca. La pobre tenía bocio y cuando se enfadaba porque mama le había llamado la atención por algo empezaba a gritar ¡que me ahorco, que me ahorco¡


Alguien puede pensar que eramos ricos, pero se equivoca, ellas eran muy pobres y por nada y menos trabajaban.


De todas tengo gratos recuerdos por eso cuando mi amiga Anna utiliza la palabra criada me hierve la sangre. Claro que es extranjera.

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