Diario

sábado, 8 de noviembre de 2008

El Escondite

La psicóloga me dijo un día: eres muy contradicctoria. Yo asentí, cómo negarlo. Es una realidad inexpugnable. Pero pensé a mi vez que, como casi todo el mundo.

Cuando volví a casa me dió por pensar en el tema. Y así despacito pensé en el despacho de la psicóloga.

Era un despacho ubicado en el ayuntamiento. A mi espalda otra asistente de los servicios de bienestarsocial, se ocupaba de otra persona,valga la redundancia, que también tenía problemas.

No sabía cuales porque con los míos iba sobrada, además no tenía pañuelo en el que depositar las copiosas lágrimas. La psicóloga tampoco tenía.
Eso si que es una contradicción. Un paciente sin intimidad y una psicóloga sin pañuelo.

Y puestos en la contradicción diré que la tarde se ha vestido de colores pastel. Rosa, malva, amarillo, profuso azul el mar y un vede tenue el cielo. El perfil de los montes de Africa nítidos y caprichosos se asoman al horizonte.
¿Donde está la contradicción pues?

En el cambio de actitud. Empecé llorando ante una terapeuta y acabo sonriendo embelesada ante este atardecer precioso.

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