Diario

miércoles, 7 de enero de 2009

Un sol espléndido, el vertice mediterraneo y cielo cual escalón abismal. Más allá, ¿qué?

No es de extrañar que antaño pensasen "detrás el vacio".

Hoy no sabemos, vemos en los claros crepúsculos, Africa.

Mil veces que mire mil veces que me sorprenderé.

Día a día, hora a hora, minuto a minuto: la maravilla de un espacio inabarcable se ofrece gratúitamente a mis asombrada mirada.

Esa hormiguita que soy se manifiesta agradecida por el regalo constante de la naturaleza.

Es desde esta atalaya que, se me ha concedido, desde donde miro, contemplo ese profundo azul, ese firmamento sin fin, y es desde donde me pregunto que nos mueve a destruirlo todo.

Se nos han cerrado los ojos de tanto consumismo inutil, de tanta vanidad insaciable.

Estos días en que los niños sueñan, los adultos queremos más, más más. Cuando tenemos en verdad mucho más de lo que necesitamos.

Nuestros abuelos sabían en todo momento que ponerse. No dudaban ante el armario. ¿Es eso tan malo?

El domingo un paseito, saludos y charlas quizás un vinito o un aperitivo y vuelta a casa. Comer todos juntos ante una mesa sencilla.

¿Que alimenta más?

Creo que hemos perdido el norte. Que por tener más no somos más felices.

No, no somos más felices.

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