Diario

lunes, 4 de octubre de 2010

Si quisieramos , no pasarían

Cuando comencé a escribir en los días anónimos, debí añadir: diario de los días anónimos. Cuando decidí abrir otro blog, aburrida de no saber escribir, le denominé: senderos opacos, y, al obtener el mismo resultado, decidí comenzar otro: cantes y flores. Entre los tres, comprendí, que lo que había hecho durante toda mi vida, era escribir de mi y de mi vida, y, que siendo esta tan opaca como anónima no le podía interesar a nadie.
En eso tuve toda la razón. No le interesaba a nadie.

Escribir, rellenar cuadernos u hojas de papel para reciclar, no es escribir, es echar demonios fuera, es encontrarse con los amigos, protestar del inem o de las empresas chupa sangres que mienten como
escocios, sin pudor alguno.Pero...pero... no dejo de hacerlo. Bueno, sí.

Este verano, era mucho más tentador sentarse a la luz de la luna y llenar páginas de un cúaderno, por sesenta céntimos ,de un ya perdido todo-a cién- que, enchufar el ordenador y por hacer lo mismo pagar un dineral. Y encima, dejar de observar la luna, o las nubes, o los pájaros ya amigos íntimos y mejores meteréologos que los de la jódida tele.Claro que la tentación siempre vive arriba. En unas alturas que nada tienen que ver cin las alturas que yo diviso en este diario cotidiano, que millones no saben gozar.
Soy de esos afortunados que, no aspiran a cenar en Bulli, es más, una buena porra, un potaje, una cerveza y mucha amistad y respeto, mucho mirar arriba-al cielo profundo-, los estima más felices que a tantos otros que no se lo pueden permitir, ni se lo plantean.
Joder, esta, dirá alguien, que por error tropiece con esta página, si es que tropieza, claro.
Por si sí por si no, venía yo hoy en darme a pensar en la picaresca...
Y no hablo del caso Malaya, ni de extorsión, ni prevaricación. Eso ha estado manido en nuestro país de toa la vía.
No, yo hablo de la picaresca de los desgraciaos.
Hoy le llaman picaresca a los asaltos a mano armado de los corruptos, de los poderosos capitalistas desvergonzados y vergonzantes para quién la honestidad no sea una guasa.
Yo misma, tuve vez miedo, de hablar de valores. Parecía una reivindación de un sistema de cuyos valores había mucho que desear...
Esperé que esos caducacantes dieran paso a valores nuevos.
Pero, tate. Nos comimos las patas como los pulpos. Ahí queda eso.

Como nunca escribí tanto sin releerlo, me es negado el norte, pero, sigo en esta última linea,
y opino que todo funciona justo al revés. Y al revés funciona la-base-de-la-sociedad.
Los amados hijos le dan a sus padres más palos que a una estera, los viejos no servimos . Solo, para morirnos. Eso sí, duramos más que los conejitos de ya sabemos quién.

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