Diario

martes, 3 de noviembre de 2009

La historia que se apaga

Hoy nos ha dejado un hombre que ha formado parte de la historia de nuestro país. Un hombre que ha sabido mantenerse fiel asimismo y a su modo de pensar.

El, demócrata como pocos, dijo una vez que, el país de los últimos tiempos le resultaba excesivo. Se refería a este país en el que vivimos o lo intentamos al menos todos.
Estoy de acuerdo con él en lo del exceso. Y como él soy demócrata y si se quiere rojo. Rojo oscuro. Esto es: republicano.
A Don Francisco Ayala no le rendirán tantos homenajes como a la Faraona, o a la Jurado, o a otros y otras muchas.
Desde estás páginas, quizás ni leídas por otros, yo si quiero ofrecerle uno, ya decirle que siempre estará vivo en sus libros para mi y muchos otros.
Van muriendo formas honestas, mitos de nuestra triste historia de las dos Españas. Que aún quedan por desgracia quienes así la ven. Incluso lo insinúan.
Todavía quedan de los que piensan que hay que olvidar el odio. Y son ellos los que hablan del odio, los que quieren dos Españas en realidad. Y es porque la quieren bajo su régimen de pensamiento.

Olvidar no es posible, pero si sacar a relucir el horror del pensamiento único y lo que provocó durante más de cuarenta años. Cuarenta años.
Se dice pronto. Y aún se preguntan algunos porque quieren los allegados de aquellos de las cunetas enterrar dignamente a sus muertos.

Es todo lo que quieren, y en un país libre, debería ser comprensible para todos.

Para Ayala ha llegado la última y hora. Yo sólo le digo: ¡hasta siempre!


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