Diario

viernes, 23 de octubre de 2009

"Nunca es tarde si..."

El encuentro deseado llegó. Tomó forma de cuatro bocas. Dos esperadas con ansia, las otras dos inevitables.

Lo más bello fue lo corto e intenso. Dos años de espera y apenas unas horas. Pero preciosas.

Sorprendente fue que una vez más alguién se sonrojase ante el abrazo
contundente de alegría y dicha.

Qué sociedad es ésta que huye, o se sonroja, o se sorprende de la efusividad. Mejor dicho, en qué sociedad se desenvuelven estas personas que ante el abrazo se envaran.

Miran con ojos atónitos como buscando una explicación ya, una excusa para aquel que abraza.

Yo no he hecho nada parecen decir sus ojos. Yo no he hecho nada.

Curiosamente son los mismos que se rebelan contra un mundo denominado "selva" "jungla". Un mundo que por lo que se ve no incluye el abrazo.

Entre tantos medios para comunicarse les parece el abrazo el más sorpresivo. El que ha de ser excusado como un medio blando y pasado de moda.
Igual no se asombran del abrazo laxo y convencional. Ese que se da por pura formalidad.

En un tiempo en el que se arremolinan lo cuerpos en cualquier lugar y ocasión sin pudor alguno, se sienten casi avergonzados de ser abrazados con calor y sincero amor, con fraternal y solidario cariño.

Jungla, selva. No deben haber visto la auténtica selva. Porque los animales si que se abrazan, se engalanan para la ceremonia del amor. Se manifiestan cercanos. Sí, y se matan también, pero no se averguenzan ni justifican ante un abrazo sincero y sentido.
Supongo que ellos, los animales sí distinguen.

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